Somos de cuero, pero negro.
Era de noche y nos desviamos hacia el Bajo Manhattan. Caminábamos lentamente como si estuviéramos en la búsqueda de un evento inédito o una experiencia oculta. En Nueva York uno puede tener una fantasía en el día y en la noche hacerla realidad. Es una ciudad que a pesar de su abigarrado urbanismo conserva mucha magia como si se tratara de un bosque encantado.
La calzada parecía más abandonada de lo habitual; la calle reflejaba su brillo en la oscuridad, creando una apariencia apolínea y espectral de nuestros cuerpos, como si fueran figuras recortadas a contraluz. El paisaje de grandes almacenes y galpones indica que nos encontramos en un vecindario portuario que perdió esa cualidad, de una época no tan remota, pero que ahora cede a otros propósitos. A pocos nos encontramos en la certidumbre de nuestra ruta. Buscábamos lo que se anunciaba como clandestino y reservado para aquellos que asumen los códigos de un clan. Era primavera, pero podía sentir el calor que da el agite al caminar.
Las calles se hicieron más intrincadas y nuestro destino apareció insulso. Nos aproximamos a un portón de proporciones un tanto descomunales, donde un rudo masculino en cuero negro nos pregunta ¿Qué es lo que andan buscando? Buscamos el Nido del Águila; sí, aquí es, pero así como viene este hombre vestido no puede entrar. Se refería a Max, mi acompañante, quien vestía un polo Lacoste y unos pantalones muy comunes. Max negoció y poco a poco se fue desprendiendo de lo que traía puesto hasta quedar en un sexi brief negro que el portero calificó con ¡UFFFF! y ahí nos abrió paso. Un viejo elevador de carga nos llevó a las profundidades del almacén y se abrió en una vasta sala a media luz donde las siluetas de corpulentos hombres desvestidos y vestidos en cuero negro comenzaron a emerger, como si salieran de una espesa niebla. Habíamos entrado a la catedral neoyorquina del cuero negro y sus fetiches. Era el año de 1976.
Éramos jóvenes y con mucho ánimo para experimentar. Entramos en la ronda y nos aproximamos a quienes se nos hicieron más provocativos. Max, más dado a la sumisión, hizo de las suyas rápidamente. Yo buscaba experimentar algo más envuelto en cuero negro con ánimo de tener sexo, sintiendo la piel y el cuero a la vez… En medio de una luz mortecina, tirado en un viejo colchón, vi a un hombre que me trastocó. Sin gestos y sólo con profundas miradas me aproximé y lo ví acariciándose todo. Parecía que estaba plantado ahí, que no se había movido en décadas… Calzaba botas, muñequeras de cuero y el rostro cubierto con una máscara. Su gesto era rudo pero sensual; era rubio y blanco fantasmal. Lo percibí como alguien que vive para eso. Tuvimos sexo, sin mediar palabra. Todo fue pasión y desenfreno. Quede satisfecho y con ganas de tornar. Quede entendido que en el S&M hay variantes que se viven de muchas formas.














Nunca he vivido una experiencia en cuero negro como la sensualmente descrita, pero hay algo que debo rescatar, lo intoxicante y adictivo que puede ser que un hombre te haga experimentar, sentir, vibrar, haciéndote suyo con dolor y placer.
ResponderBorrarMás comentarios via WhatsApp: Beeellaaaaaaasss fotos y descripción
ResponderBorrarVía WhatsApp nos dicen: "Gran trabajo"
ResponderBorrarMás comentarios por WhatsApp: "Quedo buenisimo. Me encantó"
ResponderBorrarTodos los días, hay algo diferente y nuevo.
ResponderBorrarExelente relato un cordial saludo a todos el equipo
ResponderBorrarYo lo he vivido muchas veces me gusta salir y vivir experiencias en este tipo de locales, son experiencias súper excitantes. 🖤🖤🖤🖤
ResponderBorrarDefinitivamente... una noche mágica e inolvidable. 👏👏😛
ResponderBorrarNuestro colega Laetitio Wilson nos cuenta por WhatsApp:
ResponderBorrar"Me ha gustado mucho este texto sobre el sexo y el cuero. La descripción de la sensualidad cruda que suele haber en estos lugares donde el sexo es sólo pasión y libertad Me recordó una tarde en Londres donde fui con mi amigo inglés, quien me inició en el cuero; Fue en un gran teatro, había sido reservado por un sitio web cuyo objetivo es poner en contacto a amo y esclavo. Fui allí con mis chaparreras y mi tanga de cuero, mi amigo me había prestado una chaqueta; fue sin duda la orgía más grande a la que he asistido...y en la que he participado, cada uno tomó el placer que tenía y la energía erótica de esta masa de machos resonó en esta inmensa sala y le dio al placer una dimensión legítima y telúrica, todavía sueño con ello.