Eros, felicidad y tecnología.
Algunos relatos no comienzan como los de siempre: “Érase una vez en un lejano reino”, porque ocurren en el futuro o quizás no ocurren porque no están en la imaginación o quizás estén ocurriendo en esos mundos paralelos de nuestro infinito multiverso.
Puede ser que el relato comience o que comenzó en algún paraje de la poco habitada tierra en el año 5024, donde habitará o quizá ya habita una persona en perpetua juventud y a quien la aceptación, respeto e igualdad no le son imprescindibles, dado que las tecnologías más avanzadas iniciadas en el pasado con la inteligencia artificial ubicaron a los humanos en otro plano donde impera una sociedad donde esos temas no son esenciales; todo se reduce a la completa felicidad. Aquella brindada por la tecnología.
En ese paraje lejano, remoto en la imaginación, que podría ser distopía o utopía, la belleza, el erotismo y la sensualidad son el bienestar. Los cíborgs han logrado superar las desigualdades, las inequidades, las diferencias y las exclusiones. Asi que la utopía de la eterna juventud y la belleza se alcanza a través de la tecnología, y no son ya un desafío para los nuevos humanos. La reproducción asistida ya dio al traste con los rígidos roles heteronormativos de género que en el pasado marcó severamente la vida de mujeres y hombres biológicos.
En la novela Un mundo feliz (1932), Aldous Huxley plantea un mundo donde todos son saludables, tecnológicamente avanzados y libres sexualmente. No hay pobreza, ni guerras y todes son permanentemente felices. No obstante, para lograr todo eso han debido sacrificar otras cosas, como el arte, la religión, la filosofía, la literatura y el amor. Todo parece reducirse a que todas esas inherencias de los humanos deben ser mantenidas en una permanente controversia entre una felicidad forjada por la ciencia y los sentimientos como una debilidad de los humanos.
La secuencia fotográfica de esta entrada quiere mostrar el erotismo vinculado a la felicidad, atada a invisibles soluciones tecnológicas. Todo ello comporta desafíos, dada la temporalidad que caracteriza el eros, la necesaria permanencia que se le demanda a la felicidad y la incertidumbre de cómo la tecnología tiene incidencia en nuestros sentimientos. Por ello, vincular la felicidad con rituales y placeres puede producir imágenes evocadoras de un sentimiento que se evapora con mucha facilidad.
En un remoto paraje, el príncipe vive sin saber cómo, sin desvelos. Es feliz y eso le da el placer que su cuerpo le exige. Para él, la felicidad es infinita, pero el no lo sabe.
Finale
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Fotografías y textos: Franklin García y Edgar Carrasco.
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Dentro de un mundo de fantasía existe la perfección, aunque suene aburrida y sin carácter, la realidad es dura, a veces cruel, pero realidad al fin... Me encantan la foto 1 y 2 geniales
ResponderBorrarFranklin y Edgar mi admiracion una vez más por su excelente trabajo, en esta oportunidad una delicada muestra de arte Erótico sublime y elegante aderezado con un texto que evoca lugares y sensaciones acordes a las imágenes.
ResponderBorrarFelicitaciones ♥️
I will have to agree they've done a great job. And thank you for this, guys
BorrarMaravilloso. Gio sale hermoso
ResponderBorrarIA de Caracas, no dice vía WhatsApp: ¡¡¡Excellent!!!
ResponderBorrarFabiola via WhatsApp; ¡Exito!
ResponderBorrarQue bellezura ! No hay otra palabra para que defina al artista y al modelo. José Olivo
ResponderBorrarLa tecnología facilita lo que se puede percibir en la misma experiencia de vida. La libre expresión con los sentimientos vividos nos dota para expresar y recibir. Es un toma y dame... sin ofender ni pretender de imponer. El deleite en su máxima expresión. Interesante 👏👏👀
ResponderBorrarMe encanta 💙💙
ResponderBorrarDesde Panamá, NM nos dice: Besotes, las fotos geniales.
ResponderBorrarDesde Madrid, vía WhatsApp, Tito nos dice: En lo poco que sé de esta vida, es lo más tantra que he visto.
ResponderBorrarAntonio Paz entre lo sublime y lo perverso. En los tiempos postmodernos que estamos viviendo en lo que va del s. XXI, la felicidad y el erotismo escapan de la concepción romántica y utópica del confiar en lo tecnológico como motor del Todo. En lugar de hacernos la vida más diáfana y sensual, los gadgets nos encajonan en un metaverso donde el sexo es un espejismo que nos impide en realidad el disfrutar del tacto, del sudor, de nuestros fluidos corporales, del sabor de nuestras pieles, de nuestras feromonas, reduciendo todo a la clandestinidad de la web, a lo efímero del chat y a la despersonalización de nuestros cuerpos, deseos oscuros y sentimientos nobles e innobles con su mayor exponente. En estas fotos no nos queda otra que recurrir a la fantasía de que estamos intimando con un sheik o un maharajá habitante de las ciudades descritas por Sherezade y donde sólo mediante la imaginación contemplativa todos podemos escapar por nanosegundos de la cruda realidad que se está viviendo en El Levante, lugar donde Eros ha desaparecido ante las estructuras de Poder.
ResponderBorrarEl siglo XXI no es la utopía del bienestar y el hedonismo que nos pintaron en los siglos XIX y XX, no se acabaron los conflictos armados ni religiosos ni morales ni éticos ni étnicos tampoco, la felicidad de estas dos décadas del nuevo milenio yace precisamente en la vacuidad de la tecnología. A mayor cantidad de seguidores y likes que tenga un influencer, todo se resume a convertirse en un auténtico ávatar. Para desgracia de Eros, no somos precisamente el decimocuarto Ávatar de Vishnú, o sea, el misericordioso Sri Krsna, el cual es un dios que vino a enamorar, pero no a enamorarse, y es capaz de envolver en los brazos de Maia a los mismos Sri Shiva y Sri Brahma. Las instantáneas de este modelo ataviado a lo maharajá hindú me recuerdan a los pasajes más libidinosos y ladinos de Las mil y Una Noches, donde tanto la sangre como el semen y los fluidos vaginales aderezados por el masculino sudor de macho del Medio Oriente envuelven a nuestra vista con una utopía cándida que nos esconde la cruda realidad del Levante, donde la tecnología ha traído de todo menos precisamente la felicidad, la paz, la calma y el sosiego fraterno. Antonio Paz, entre lo sublime y lo perverso.
ResponderBorrarFS vía WhatsApp nos dice: ¡Excelente!
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