Umbra

 Eros y sombras se unen en la fotografía para dar lugar al misterio, al deseo oculto y a la dualidad mente-cuerpo.




En estos trópicos que habito, las estaciones no se anuncian con la certeza de los cuatro reinos conocidos —verano, otoño, invierno, primavera—, sino con la delicadeza de un halo de luz. A simple vista, podría parecer que orbitamos en un verano perpetuo, monótono y soporífero; sin embargo, el tiempo aquí transcurre en la filigrana de lo casi imperceptible.


El cambio no reside en la caída del follaje o de la nieve, sino en las variaciones secretas e imperceptibles de la luz. La claridad que inaugura enero no es la misma que baña las tardes de septiembre. Con ese leve giro planetario, las sombras mudan de piel: se transforman en otras —o tal vez siguen siendo las mismas—, redibujándose en ángulos inéditos sobre el plano inmutable de nuestra cotidianidad.



Las sombras de agosto se espesan con especial intensidad en la madrugada. Aún habitado por el sopor del sueño, tomo la cámara para captar los sutiles trazos con que la luz insinúa dibujar el cuarto y vestir el cuerpo desnudo, aprisionarlo o someterlo; y, sin embargo, permanece obstinadamente desnudo. Así, puro y provocador.


En esa confluencia perfecta entre la mirada, la penumbra del amanecer y el dibujo geométrico de la persiana, lo erótico cobra una dimensión íntima, secreta. La piel se entrega a su propio regocijo, primigenia y dispuesta. Y en ese juego de luces que enlazan y tallan el cuerpo, este emerge como una estatua inconclusa, truncada, un resto arqueológico, bello en su eternidad. Incompleta. Ya hecha piedra. 



El sol naciente brota por el oriente, vertiendo una luz tenue, semejante a una lente que encuadra el paisaje terrenal y humano de horizonte a horizonte. A lo largo de esa línea infinita que todo lo atraviesa, la alborada dibuja sus sombras y proyecta sus primeros rayos: una caricia cálida del cosmos para devolverle el aliento al cuerpo. Todo se entrelaza, resucita y vuelve a empezar, en un ritornello eterno donde la luz y las sombras se repiten estacionalmente en la ruta elíptica del sistema planetario.




Misceláneo:

Créditos:

Concepto y fotografía: Franklin García y Edgar Carrasco.
Texto: Edgar Carrasco
Modelo: Bubu

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Comentarios

  1. Saludos por estas vías, encantada de contemplar fotografías, ángulos cotidianos gran énfasis en las formas, fondo y con gran estudio de las luz y altos contrastes. El cuerpo humano como inspiración. Un gran hacer, bendiciones para ustedes 🙏🏽

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  2. Saludos por estas vías, encantada de contemplar fotografías, ángulos cotidianos, gran énfasis en las formas, fondo y con gran estudio de la luz y altos contrastes. El cuerpo humano como inspiración. Un gran hacer, bendiciones para ustedes. 🙏🏽 KK

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  3. Gracias por los trabajos fotográficos que me has enviado. Son todos excelentes. Gabriel Del Canto.

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